Cáceres, inca resurrecto y la Campaña de La Breña

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El llamado de Cáceres a las poblaciones andinas de Huarochirí y del valle del Mántaro, que lo hizo luego de haber abandonado el 15 de abril de 1881 su refugio de la iglesia San Pedro de Lima, donde los jesuitas curaron sus heridas de guerra, tuvo una impresionante acogida y caló hondo en los quechuablantes que lo veían como un inca resurrecto y no dudaron en sumarse teniendo como únicas armas sus rejones, hondas y galgas.

Cáceres era uno de los sobrevivientes de la Defensa de Lima, donde miles de limeños, en la mayoría civiles, tuvieron que improvisarse como soldados porque el ejército regular había sido literalmente destruido por los invasores. Entre los defensores, estuvieron en primera fila: abogados, sastres, albañiles, estudiantes, empresarios, entre otros, quienes se inmolaron en defensa de su ciudad, frente a un ejército de invasores dotado de aplastante superioridad en hombres y armamentos.

En tiempo record, en menos de cuatro meses, desde abril hasta agosto, gracias al apoyo del Comité Patriótico de Lima, que lideraban su esposa Antonia Moreno de Cáceres y el obispo José Tordoya, esas armas rudimentarias fueron reemplazadas por fusiles y algunos cañones.

Las primeras partidas de combatientes guerrilleros dieron lugar a un nuevo ejército, que a fines de agosto de 1881, coincidentemente con la expulsión de la expedición de saqueos y pillajes del coronel chileno Ambrosio Letellier, llegaba a 5,000 hombres sobre las armas.

Reclutamiento

El comité patriótico de Lima le despachaba, casi a diario, columnas de patriotas, algunas reclutadas en Lima y otras despachadas desde las provincias del interior por oficiales comisionados con este propósito.

En otros casos, incorporó, a manu militari, ejércitos de distinta procedencia, como el enviado en setiembre de 1881 a la región central por el gobierno de la Magdalena (así se le llamaba al presidente Francisco García Calderón), que había reemplazado a Piérola, no para sumarlo a Cáceres, sino para someterlo, al que el“Tayta” Cáceres interceptó y obligó a integrarse al naciente Ejército del Centro.

Se trataba de una expedición al mando de los coroneles Solís y Carrillo Ariza, compuesta de 100 hombres y 200 rifles con municiones que buscaba reclutar nuevos contingentes para la causa del gobierno de la Magdalena. Cáceres fue alertado de la partida de esta expedición, por lo que ordenó a sus guerrilleros la interceptaran en Chicla (más arriba de Chosica), donde fueron rodeados, conminados a cambiar de jefes y ellos aceptaron. La misión tuvo un éxito completo.

El jefe del Ejército de la Breña sabía que a la expedición de pillaje del coronel chileno Ambrosio Letellier, virtualmente expulsada de la región central por las partidas de soldados y guerrilleros que conformarían el nuevo ejército, le sucedería otra expedición, como en efecto ocurrió en enero de 1882, que sería más numerosa y sanguinaria, lanzada con la consigna de destruir a Cáceres y con la que sostendría un primer victorioso encuentro en febrero de 1882 en Pucará (Junín).

Unidades

El nuevo ejército, como el propio Cáceres lo reconoció, tenía un superávit de hombres y un gran déficit de armas, sobre todo de caballería y artillería, pero un ejército al fin y al cabo, compuesto a fines de agosto de 1881 de 17 batallones, cinco columnas de caballería y ocho cañones. En verdad, una cantidad minúscula frente a los varios centenares que tenían los enemigos.

Este nuevo ejército contaba con las siguientes unidades con las siguientes unidades de infantería:

Batallones: Junín, Jauja, Libres de Huancayo, Tarma, Ica (ex-8 de setiembre), Lima, Canta 1º, Canta 2º, Alianza, Huacho, Milicianos de Chancay, América y Yauyos. Columnas Libres de Ayacucho, Concepción, Constancia, Yauli y Salcabamba.

En cuanto a Caballería tenía el Regimiento Cazadores del Perú y los Escuadrones Escolta, Operaciones, Dos de Mayo, Comas, Tiradores de Chupaca y Carabineros de Chancay; y en Artillería contaba en total con 15 cañones, algunos de ánima lisa.

Sobre los batallones, corresponde historiar que el Junín se constituyó con 80 soldados remanentes del disuelto batallón Pichincha, más 26 gendarmes de Jauja; este igualmente al mando del coronel La Jara integró la división de Aduvire que marchó hasta Áncash, luego regresa al centro y se pone a órdenes de Cáceres.

Más voluntarios

Respecto al batallón Jauja, cabe señalar que fue el primero formado por Cáceres sobre la base de 16 gendarmes convalecientes de tuberculosis en el hospital de esta localidad, 40 gendarmes procedentes de Ayacucho y otros 50 hombres venidos de la gendarmería de Tarma. Cáceres cambiaría su nombre por el de Zepita, que fue su querida unidad en Tarapacá.

Los batallones Libres de Huancayo y Tarma fueron formados vecinos voluntarios de dichas ciudades. El Ica se formó con 50 voluntarios reclutados por el teniente coronel Benigno Zevallos en esta ciudad, Cañete y Yauyos.

El batallón Lima tenía una historia digna de resaltar. Se trataba de un antiguo cuerpo del ejército de línea que con el nombre de Lima No. 08 peleó y sobrevivió en la Batalla de Tarapacá y con el Nombre de Lima No. 11 hizo lo mismo en el Alto de la Alianza, en Tacna.

El Lima 11 pasó luego a Puno, donde su jefe el coronel Remigio Morales Bermúdez decidió sumarlo al nuevo Ejército del Centro. Cáceres decidió cambiar su nombre por Tarapacá, en recuerdo de la jornada guerrera donde por su iniciativa, los peruanos a pesar de estar disminuidos física y militarmente propinaron un duro revés a los invasores.

Desde Canta

Los batallones Canta 1º y 2º fueron organizados por el coronel Manuel Encarnación Vento, de recordada participación en la Batalla de Sángrar, sobre la base de los sobrevivientes de los batallones Canta Nº 63 y 2º Canta que pelearon en la defensa de Lima y al partir al Centro recibieron voluntarios de la provincia del mismo nombre y otros 18 hombres llegados desde Cañete, armados hasta los dientes por los hacendados de la provincia.

Los batallones Huacho, Alianza, Milicianos de Chancay, así como los escuadrones de Caballería Operaciones y Carabineros de Chancay estuvieron organizados en dos divisiones por el coronel José Agustín Bedoya, a los que había dotado de 3 piezas de artillería. Estos, juntamente con los batallones Canta 1º y 2º sumaban un total de unos 1500 hombres.

El Milicianos de Chancay se convirtió en el Centro en Cazadores del Rímac.

Artillería

El América llegó de Huánuco. La columna Constancia la creó Piérola con oficiales sin colocación, Concepción se organizó sobre la base de 30 y tantos veteranos de la unidad del mismo nombre aniquilada en la defensa de Lima, y la columna Libres de Ayacucho se formó con 80 jóvenes de familias distinguidas de Ayacucho.

El regimiento Cazadores del Perú era la escolta de Piérola que se sumó a Cáceres luego que este dimitió. El Escolta se formó con 25 jóvenes voluntarios en Huancayo y el Dos de Mayo fue un piquete enviado por el pueblo de Áncash.

La artillería se formó con 4 cañones traídos del fuerte San Ramón por el teniente coronel Ambrosio Navarro; otros 4 llegaron de Cerro de Pasco, 2 cañones fueron enviados por el Comité Patriótico de Lima ocultos en ataúdes, 2 culebrinas recogidas de La Molina por dicho Comité y finalmente las 3 piezas que tenía el coronel Bedoya en su cuartel general de Sayán.

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